¿Qué es un wearable?

Salir del gimnasio y saber calorías quemadas o pasos dados, recibir mensajes en la muñeca o realizar un seguimiento de las horas de sueño, son algunos ejemplos de las cosas que se pueden hacer con wearables. Pero, ¿qué es un wearable?

La “tecnología portable” es un término que se refiere a aquellos dispositivos tecnológicos que pueden ser “llevados puestos”, ya que por definición van donde su usuario vaya. Permiten al usuario conectarse con sus dispositivos móviles y recibir notificaciones de estos, almacenar información relativa a salud y fitness, rutas realizadas, realizar fotos, etc.

Pero esta tecnología no es únicamente algo novedoso y que esté de moda. Se debe entender como algo que nos permite interactuar con nosotros mismos, nuestro entorno y el mundo que nos rodea, ya que los dispositivos están pensados para mejorar la calidad de vida.

¿Cómo llamarlos?

Existen diferentes denominaciones para una tecnología que, básicamente, responde a las mismas características. ¿Cuál es la correcta?

Se acaba asumiendo por correcto el término más usado, así que, para ello, hemos decidido consultar en Google cuáles son las formas más utilizadas. Éstos son los resultados para el 27 de enero de 2018:

  • Tecnología vestible: 97.400
  • Tecnología corporal: 14.200.000
  • Ropa tecnológica: 1.240.000
  • Ropa inteligente: 431.000
  • Tecnología ponible: 45.100
  • Wearables: 65.700.000
  • Wearable: 107.000.000

La conclusión no admite duda, “Wearable” es el término con el que, abrumadoramente, denominamos a este tipo de tecnología.

¿Cómo funcionan?

Generalmente los wearables tienen algún sistema de comunicación que permiten al usuario acceder a información en tiempo real, aunque existe un factor que no falta en ninguno de estos dispositivos: permitir la entrada de datos y almacenarlos de forma local.

Pueden usarse tanto con ordenadores y teléfonos móviles como de manera autónoma. En general, se trata de dispositivos independientes que pueden trabajar sin la interacción con otros dispositivos, pero que maximizan sus posibilidades y ventajas al ser emparejados con otros elementos. Lo más importante a tener en cuenta para elegir el wearable que más nos interese, es tener en cuenta las posibilidades de conexión que queremos y tenemos disponibles, de modo que no tengamos problemas de incompatibilidad, duración de batería u otros errores.

La batería que llevan los dispositivos wearables siempre ha sido un problema o motivo de duda en el momento de su compra. Al tratarse de dispositivos de pequeño tamaño las baterías que pueden incorporarse no pueden ser de gran capacidad. Además, debido a que requieren conexión inalámbrica, el consumo energético de los mismos suele ser elevado. De ahí que, dependiendo del tipo de dispositivo y los motivos de uso, los comienzos de la tecnología no fueran lo esperado por los usuarios. Esto está cambiando actualmente, y, por ejemplo, ya existen pulseras que pueden hacer seguimiento de los movimientos del usuario con carga para varias semanas.

Evolución de los wearables

Aunque no tenemos fecha concreta del inicio de la historia de los wearables, sí que podemos afirmar que éstos aparecieron la primera vez que un humano adaptó a su cuerpo un desarrollo tecnológico por muy rupestre que fuera, lo que puede retrotraernos al Neolítico. Desde luego, el pistoletazo de salida de los wearables se da en el S.XX, alimentado en el imaginario colectivo con el desarrollo de los gadgets típicos de los espías en la época de la guerra fría.

Sin embargo, con el inicio del S.XXI se está asistiendo a un crecimiento exponencial de esta tecnología, siendo considerado 2014 [6] como el año de los wearables y esperándose para 2018 unas ventas globales de más de 300 millones de dispositivos, que se traducirán en un beneficio de 30.000 millones de dólares.

No sólo se incrementará el número de dispositivos, sino también su tipología, cada vez más variada.

Usos y aplicaciones de los wearables

Actualmente lo primero que viene a la cabeza al oír hablar sobre este tipo de tecnología posiblemente sean los nuevos relojes o las famosas Google Glasses, pero existe un mundo que va mucho más allá de estos dos tipos de dispositivos, desde lentes de contacto, textiles y telas inteligentes, cintas, gorros, anillos, pulseras o pendientes.

Su implantación puede influir en muchos campos, destacando la salud, la medicina, las discapacidades o la educación, pero también otros como el transporte, las empresas, las finanzas, los juegos o la música.

Así, ya podemos encontrar relojes inteligentes, gafas, pulseras de actividad, complementos, o implantes, tanto cercanos al cuerpo (sin contacto), como de contacto, como dentro del cuerpo. Así, prácticamente no hay parte de la anatomía humana que no tenga su propio wearable: cabeza, orejas, ojos, torso, brazos, muñeca, piernas, pies…

Y es que los usos de los wearables abarcan aspectos cada vez más amplios y novedosos, implicando a un mayor número de sectores económicos: salud, industria, deporte y bienestar, entretenimiento, o militar, entre los más importantes.

¿Qué hacer para estar al día?

Actualmente, se celebran numerosas ferias y eventos internacionales dedicados total o parcialmente a los wearables. Son la mejor manera de conocer de primera mano los últimos desarrollos en este campo. Una muestra representativa puede ser la siguiente:

Sin embargo, hay otra vía igualmente efectiva para estar al día sobre el mundo wearable de una forma más económica y accesible:

¡Consultar el blog de Draxides!